Cuando nos volvamos diminutos, tu y yo, nos montaremos en el gato y viajaremos así... con un equipaje diminuto. Tan pequeños que dormiríamos en sus bigotes y entonces nada seria como ahora. Nuestro equipaje consistiría en una zanahoria, la galleta, un par de macetas y un montón de libros que cogeríamos con nuestras manos diminutas. Y yo los apretaría contra el pecho y tu estarías sentado a mi lado en el gato y me sonreirías, y solo habría arcoiris.. y entonces dejaríamos de hablar para siempre y nos comunicaríamos solo con mirarnos.. Iríamos muy lejos y nadie sabría donde estamos ni nos buscaría...
Pero un día ella creció, de repente, volvió a su estatura normal y a poder hablar otra vez.. pero no quería hablar, ni comunicarse con nadie... nada mas que con el, pero ya no podía hacerlo porque era demasiado grande. No le hablaba porque temía que su voz sonase muy fuerte y pudiese dañarle. Convirtió una caja de cerillas en una habitación con una cama de regaliz, unas pastilla-mesa y pequeñísimas estanterías para sus libros y le puso dentro.. le alimentaba con migas y muchas veces se quedaba mirándole con tristeza, tanta que no podía evitar llorar, pero se contenía porque sabia que una lagrima podría matarle y entonces cerraba la caja y la ponía debajo de la almohada...
a.
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