Olor a mandarinas...

jueves, 7 de noviembre de 2013

La mejor dieta para adelgazar se llama tristeza.
Hay gente que dice que soy buena. Hay gente que dice que soy cruel. Mi madre dice que soy alcohólica.
Y yo, solo quiero que se pongan de acuerdo en sus etiquetas. Y mientras no hago lo que sé que debería de hacer, porque es más cómodo comportarse como una gilipollas y dejarse llevar por el miedo.
Y el desengaño raya el frío. Y odio estar sola los domingos, el resto de días da igual. Pero son los domingos con la resaca, cuando menos te quieren. Después de toda una falsa emulsión de gente que ni te conoce, pero que le encantas.
Y aquí estamos, criticando todo. Y decimos que odiamos su juego, pero jugamos todos los días.


Lo vacío no tiene que ver con lo lleno. Puedes estar llena de semen y sentirte como una mierda, o puedes sentirte llena de amor. En cualquier caso, todo se suele ir a la mierda. Y eso es lo que hay que esperar, a que se vaya a la mierda. Ese es el mundo que estamos construyendo. Como ir a una estación de tren a esperar a que el tren se estrelle y contemplar el espectáculo de piernas sangrantes.
La era del miedo. De "no te hagas expectativas". De "lleva cuidado". Porque encima nos tenemos que sentir incómodos ante la idea de que "si eres bueno, se ríen de ti". Y ser bueno ya no tiene mérito. Hostias por todos lados, y no de sexo duro.
Hace una noche de estallar cristales y no sé donde ir a llorar.

Me besaría

Me besaría con con cualquiera
para sentirme tan sucia
como te siento a ti.
Lástima que no seamos iguales,
sería muy feliz con un corazón de piedra.