¡Qué felices éramos cuando paseabamos por Florencia y nada importaba!
Éramos tú y yo y los paseos sin buscar nada concreto,
una pareja que va andando y se para a darse un beso...
El viaje en el tren y las mañanas en Roma,
recuerdo la última, todos desnudos:
la lluvia, tú, yo y el patio de colores
sin querer salir de la cama.
Luego llegaron los atardeceres grises
las promesas rotas
las discusiones innecesarias
tu pasividad, mi pena
el valium, mi tranquilidad.
Y ya daba igual todo
porque ya no te importaba tanto
el verme o no verme
dormir juntos
estar abrazados...
Me pregunto si Dafnis y Cloe lo hubieran soportado
y ahora soy infeliz sin ti
por no ser infeliz contigo.
Sofía



