Olor a mandarinas...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

“La elegancia del erizo” de Muriel Barbery

Aparentemente, de vez en cuando los adultos se toman el tiempo de sentarse a contemplar el desastre de sus vidas. Entonces se lamentan sin comprender y, como moscas que chocan una y otra vez contra el mismo cristal, se inquietan, sufren, se consumen, se afligen y se interrogan sobre el engranaje que los ha conducido allí donde no querían ir. Odio esta falsa lucidez de la edad madura. La verdad es que son como todos los demás: chiquillos que no entienden que les ha ocurrido y que van de duros cuando en realidad tienen ganas de llorar.


Sin embargo, es fácil de comprender. El problema esta en que los hijos se creen lo que dicen los adultos y una vez adultos a su vez, se vengan engañando a sus propios hijos. “La vida tiene un sentido que los adultos conocen” es la mentira universal que creen por obligación. Cuando, una vez adulto, uno comprende que no es cierto, ya es demasiado tarde. El misterio permanece intacto, pero hace tiempo que se ha malgastado en actividades estupidas toda la energía disponible. Ya no le queda a uno más que anestesiarse como pude tratando de enmascarar el hecho de que no le encuentra ningún sentido a la vida, y engaña a sus propios hijos para intentar convencerse mejor a sí mismo.

- Amber -

No hay comentarios:

Publicar un comentario