Olor a mandarinas...

martes, 12 de febrero de 2013



        

         Las 4 de la madrugada y tienes insomnio. Recorres con la mirada cansada las paredes de tu habitación. Viejos posters de grupos que quizás ya ni siquiera te gustan, fotos, ropa tirada en el sillón, una taza de té que te tomaste antes de acostarte. Y entonces, justo en ese momento en el que vuelves por enésima vez a intentar dormir, cerrando los ojos, imaginas todo aquello. Cosas que no tienen relación unas con otras. Migas de galletas, tan molestas por el suelo, el frío, nieve en los árboles de los bosques y tener la sensación de que estas en un sitio encantado, el ruido de las mandarinas al pelarlas, el color de la respiración, los taxis de Madrid, y el como seria cortarle el cordón umbilical a un recién nacido. Entonces tus pensamientos se vuelven más espesos, el sueño toca el timbre. Todo se vuelve cada vez más oscuro. Y más y más… Y te abandonas en los brazos de Morfeo. Y que mañana Dios dirá.


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1 comentario:

  1. La reiteración de las noches que no cuentan, esas en las que el sol aparece por el oeste y te da las buenas noches para animarte a comenzar el día.

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