Con pasos diminutos y de puntillas cruzó el pasillo oscuro. Ambas ventanas estaban cerradas y no le importaba el olor a hospital y a armario que se pronunciaba dentro. Abrió las ventanas sólo por que había que hacerlo y se apoyó en el cristal con la frente. Imaginó el invierno, la nieve, las comidas calientes que tanto odiaba. “Las osas no son siempre lo que parecen” le comentó alguien una vez, pero lo olvidó con facilidad.. Pero lo cierto es que pensaba que las cosas siempre suelen ser justo lo que parecen. La mayoría de las veces, tratamos de persuadirnos con extraños argumentos anestesiantes y también por miedo a volvernos locos. Ella era de esa clase de personas. Poco optimista, pero no le costaba razonar. Consideraba sus razonamientos limpios y flexibles, puede que demasiado flexibles a veces. Lo correcto es relativo, pensaba muchas veces. Tratar de hacer lo correcto es una estupidez. Hacer daño... ¿Y si asumimos que es así? Que en algún momento nos tienen que pasar a todos y ya está.
Amber.

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